Autor / Author: Gilles Chatelet

269* Del concepto filosófico de Caos

  ¿Por qué nos inquieta el caos? ¿Puede la filosofía aventurarse a hablar de ese espacio que se disputan lo Confuso, lo Oscuro, el Desorden, pero también lo Singular de donde emergen los nuevos modos de contemplar y actuar? Las cosmogonías sin Creación se inauguran siempre por un “Caos primordial” generador de una pareja de opuestos (es el caso, por ejemplo, de la teogonía de Hesíodo, de Atum, dios egipcio que separa Nur en sus dos elementos, o de Marduk dios babilonio que distingue cielo y tierra). Lo que da una de las claves de la fragilidad del concepto de caos: instalar el pensamiento en un espacio que se desea fecundo, pero ya carcomido por la oposición virulenta de dos principios —el caos es el equilibrio indeciso de dos fuerzas, equilibrio incapaz de asumir las virtualidades de una pareja—. Se da como una totalidad precaria en la que ya se afrontan los posibles que se consideraba dispensar. Es toda su paradoja: estar, de entrada, desgarrado por los rivales a los cuales se quiere dar nacimiento, …