339* La forma de la crisis, el comunismo de lo sensible



FB_GNAM_Time_Is_Outof_Joint_09_10_2016

Carlos Prieto del Campo. Editor de la New Left Review en castellano.

¿Cuál es hoy el nuevo régimen de producción de signos artísticos, cuál es su contenido estético, cuál es la nueva ecología institucional del régimen de la producción artística en esta precisa coyuntura histórica? ¿Y por qué debería hoy pensarse un nuevo régimen de producción de signos estéticos y una nueva sintaxis de los flujos artísticos, que circulan en la esfera pública, y analizarse los efectos específicos que despliegan en esta y en los circuitos de enunciación social? ¿Cuáles son esos efectos y qué relación tienen con la nueva composición (técnica, política, espacial, arquitectónica, urbana  y estética) de clase de los sujetos productivos? ¿Y qué relación tiene hoy el signo artístico con la fenomenología de la crisis y sus efectos brutales en términos de destrucción social, pobreza de masas y precariedad difusa como nueva condición de gestión del terror sobre los sujetos sociales? ¿Cuál es hoy la forma de la crisis? ¿Qué relación existe entre la intensidad de la crisis, las dificultades de la expresión de nuevas formas de acción política de masas y la homogenización autoritaria de las infraestructuras y las instituciones artísticas, públicas y privadas? ¿Y entre la homogeneización de los circuitos de enunciación artística y la redundancia de muchas prácticas creativas y/o artísticas como residuo mercantil de una sobreabundancia codificada únicamente como mercancía de consumo? ¿Qué enormes simbiosis normalizadoras existen entre los mercados artísticos y el uso de las infraestructuras artísticas públicas gestionadas por sistemas nacionales de partidos, cuya corrupción estructural es un hecho manifiesto, agravado si cabe desde su gestión de la crisis sistémica de 2008 en el conjunto de las sociedades europeas?

Para responder a estas preguntas nada mejor que partir del eslogan escrito en las escaleras de la GNAM –«The time is out of joint»–, que preside también, de algún modo, esta Conferencia de Roma sobre el comunismo, sobre el comunismo del sensible y sobre lo sensible común. «The time is out of joint» quiere decir en las sociedades capitalistas realmente existentes en este preciso momento histórico que las clases y las elites dominantes han lanzado un diseño de gran calado y un programa de iniciativas sistémicas de gran envergadura para reestructurar en profundidades las diversas lógicas de la reproducción social en un intento consciente y deliberado de redefinición de las pautas de comportamiento de los actores, las instituciones y las prácticas de constitución de las sociedades actuales, cuya intención explícita es recalibrar y relanzar su proyecto de explotación y dominación de las grandes mayorías para el actual ciclo político, el cuál se inserta, entrelaza y reacciona con el presente ciclo sistémico de acumulación de capital. Este proceso se desenvuelve, sin duda alguna, a escala de las sociedades europeas, con toda seguridad a escala de las sociedades occidentales y, casi con total certidumbre, a escala del conjunto de los grandes espacios regionales del sistema-mundo capitalista global. La profundidad y la intensidad sincrónica de este conjunto de reestructuraciones afecta a todos los ámbitos de la reproducción social y, obviamente, a las pautas de la constitución estética y a la producción de signos, objetos, prácticas y flujos artísticos, que atraviesan el espacio social y contribuyen a la constitución de los sujetos y a la producción de subjetividad social media. Y ello es así porque esta lógica de reestructuración es estratégica e implica una economía diversa de las diversas productividades de las relaciones de poder, lo cual significa, en las sociedades capitalistas y en la modernidad del capital, un tratamiento diferencial y una ordenación novedosa de los elementos semióticos que se hallan en condiciones de producir lenguaje e imaginario en un ciclo político dado. Simultáneamente, «the time is out of joint», porque el presente histórico es constituyente para las clases, sujetos y grupos dominados en tanto que la densidad y la riqueza ontológica acumulada por los diversos estratos de subjetividad, inteligencia y percepción social de los sujetos sociales y productivos presenta una necesidad objetiva de traducción y declinación multifactorial de las formas posibles de constitución política, social, cultural, estética, económica, urbana y territorial. Y ello a partir de una movilización intelectual, afectiva y estética sin precedentes en las últimas décadas concebida para abrir espacios de imaginación social constructivista y de organización política radicalmente innovadora, cuya productividad solo puede alimentarse de líneas de experimentación intensísimas en torno a la producción de nuevos imaginarios, nuevos sistemas de enunciación y nuevas formas de conceptualizar lo social y de reinventar los parámetros éticos de la reproducción económica, ecológica y cultural. «The time is out of joint», porque la invención de la(s) nueva(s) política(s) antisistémica(s) y el diseño del nuevo poder constituyente es el horizonte mismo de la ontología del presente.

En este sentido, la pregunta que debemos hacernos es cómo se produce hoy signos artísticos en un contexto de enorme violencia estructural de las relaciones de poder, que puedan tener impacto en las prácticas sociales y en las lógicas reproductivas que sobresaturan autoritariamente el espacio social, de forma que sean susceptibles de insertarse como flujos estéticos y representacionales en procesos de desestabilización y constitución de nuevos universos políticos en una época ontológicamente constituyente del sujeto(s) político, de la forma(s) del antagonismo y del lenguaje(s) de la subversión del orden de cosas presente.

Las hipótesis que habría que poner a prueba para dilucidar estas cuestiones son las siguientes.

(1) No hay posibilidad de producir signo artístico o estético en este momento histórico, si este no incide en la construcción de la nueva ontología política del presente, que se enfrente al conjunto de procesos de reestructuración  y al diseño de la dominación sistémica lanzada por las elites y clases dominantes desde finales de la década de 1970. La dilucidación de esas relaciones entre las formas de la representación artística, sus contenidos estéticos y sus flujos y estrategias comunicativas y el contenido e interrelación con esa ontología del presente forman parte del trabajo de producción artística en este momento histórico. Al igual que lo forman la dilucidación de los contenidos, formalización y metodologías de producción de los signos, productos o flujos artísticos que operan como tales en la esfera pública contemporánea.

(2) Esta nueva creatividad artística debe incluir en las condiciones de producción de este conjunto de procesos, flujos y objetos estéticos y artísticos su imbricación diferencial y dotada de autonomía y singularidad en un posible diseño político de carácter antisistémico, que se opone al mencionado proceso de reestructuración de las sociedades actuales por las elites del capitalismo global. Si verdaderamente un flujo artístico es tal, ello supone que su proceso de producción logra comprender de modo polimórfico y original cuál es y cómo se verifica su inserción en los nuevos procesos constituyentes de la ontología política del presente, de su enunciación social y de su economía semiótica. Si un flujo artístico es tal y opera como tal en la trama de lo contemporáneo, funciona como un elemento transformador del propio contenido estético-afectivo e intelectual y de los ritmos y formas de constitución semiótica de esa ontología y funciona, además, como vector de expansión de un nuevo universo de sentido y de nuevos principios de inteligibilidad social. La experimentación de esa inserción es hoy un contenido estético irrenunciable de  cualquier práctica artística del presente y del porvenir.

(3) Esta producción de signos, objetos y flujos artísticos dotados de impacto en la ontología política del presente no supone únicamente un nuevo procedimiento o un protocolo original puramente discursivo o gramatical para su generación y elaboración, ni es el correlato de una nueva metodología de creación de formas y representaciones puramente pedagógica, sino que exige como condición de posibilidad que su producción piense y genere simultáneamente la creación de las condiciones, dispositivos y prácticas institucionales y sociales materiales, que permiten el surgimiento de una economía productiva semiótica adaptada a las necesidades tanto de sus productores como de las dinámicas de circulación, recepción y recombinación en el espacio social y público del nuevo tipo de signos producidos.

(4) Los signos y flujos artísticos, cuyo contenido estético estamos analizando, no se producen ni circulan en el espacio liso de una situación ideal de habla supuestamente característica de la democracia liberal, ni en los circuitos cerrados de un idiolecto especializado o restringido, sino en un espacio n-dimensional de espacios y relaciones de poder, que sobresaturan y sobredeterminan la estructura social y en el que se imponen formas neoautoritarias y reaccionarias muy agresivas en este momento histórico, que tienden a hacer desaparecer las formas de mediación social. Este debilitamiento implica reducir todavía más los espacios de constitución social y de producción de formas críticas o antihegemónicas de producción discursiva, institucional y cultural. La nueva estatalidad que imponen el capital global y los Estados en el marco del proyecto de la Unión Europea supone simultáneamente el vaciamiento de lo público y la destrucción de lo común como criterios orientativos de la governance neoliberal. Este conjunto de procesos materiales afecta de modo primordial a los procesos de producción de signos artísticos e impacta la economía política de su composición y circulación.

(5) La nueva ontología política integra este nuevo flujo artístico en sus modelos de producción de hegemonía y, en realidad, en el proceso mismo de su propia expansión constituyente. Si no lo hace, ello quiere decir que no está afectando a las lógicas de producción de verdad y de constitución política antropológicamente viables, afectivamente posibles y políticamente eficaces, que se precisan en este momento histórico y que obedecen al impacto, estratificación y condensación de toda una serie de ciclos de luchas y que responden al enriquecimiento de la percepción social y la constitución política de los sujetos dominados, que hoy es constituyente por definición. La ontología política del presente supone en este momento histórico la posibilidad de operar con flujos absolutamente diversos para operar en la producción de imaginarios, que crean el sustrato afectivo, estético, intelectual, ético y relacional que permite percibir de forma diferencial y acumulativa la reproducción de las constricciones que impone el capitalismo como forma de constitución social.

(6) Igualmente, debemos preguntarnos qué supone hoy producir un signo y un flujo políticos susceptible de integrarse en una practica discursiva y material adaptada a la construcción de las nuevas organizaciones y máquinas políticas y a los nuevos ecosistemas organizativos dispuestos para entrelazar las luchas polimórficas, que se está desplegando durante los últimos años en todos los ámbitos de constitución social nuestras sociedades. Un signo político debe poder utilizarse versátilmente por una multiplicidad de sujetos singulares, quienes a partir de su diferencia y riqueza ontológicas específicas se hallan en condiciones de organizar procesos políticos antisistémicos eficaces, formas organizativas estables pero fluidas, tonalidades afectivas éticamente orientadas a la acción colectiva y universos imaginarios y simbólicos capaces de captar la atención y semiotizar la riqueza de una innumerable gama de sujetos sociales, dotados de recursos muy desiguales, pero igualmente poderosos, de comprensión y representación de lo social y de sus formas de constitución. Condición sine qua non de su composición es que incorporen un sensible del común y una lógica de guerra en su núcleo estético íntimo para que se hallen en condiciones de medirse y potencialmente destruir el diseño neoliberal, autoritario y reaccionario de las elites y clases dominantes actuales.

(7) Este flujo político, esta estrategia de producción de una nueva hegemónica política, (1) apunta a la experimentación en torno a la construcción de un bloque histórico capaz de poner en pie un proyecto original de sociedad enfrentada al diseño autoritario mencionado; e (2) integra este nuevo tipo de flujo artístico, porque para desencadenar procesos múltiples de experimentación en el actual entorno de precariedad, pobreza y destrucción de los derechos el sujeto político debe experimentar con nuevos imaginarios que le permiten reconocerse como elemento antagonista y subversivo en un horizonte de constitución ontológico posible. La construcción de un nuevo bloque histórico exige por definición la semiotización y la representación artístico-afectiva y sensible de innumerables condiciones sociales, existenciales y antropológicas, que deben ser dotadas de forma, representadas y convertidas en flujo de conocimiento y experiencia para ser dotadas de toda su expresividad y fuerza política constituyente. La lógica de este nuevo bloque histórico y de su gramática de enunciación y organización políticas (1) es, por definición, postsoberana, posnacional, pospopular, posidentitaria, poshumanista, poscolonial, posteológico y posdesarrollista, lo cual significa, enunciado positivamente, que es la expresión de un poder constituyente (de lo) común(ista), esto es, hiperdemocrático, hiperigualitario, de clase, transgénero, transreligioso y ecológicamente sostenible, orientado simultáneamente hacia la distribución y el reconocimiento del conjunto de  las recompensas y de la riqueza sociales; y (2) opera en su constitución y autoexpansión políticas como un ejercicio de representación de la potencia de los sujetos productivos y explotados, cuya potencia política singular define los ritmos de construcción del mencionado bloque. Cada una de estas características negativas, así como cada una de estas vectorializaciones positivas, funcionan como un campo de experimentación y expresión  artística de las formas de constitución y expansión social de ese proyecto político y de su despliegue en el tiempo como forma socialmente viable de enunciación y constitución social.

(8) La dificultad de la producción de nuevas practicas artísticas y políticas en condiciones de enfrentarse a un estado objetivo de bestialidad tan enorme como el que rodea la gestión actual de la crisis, la guerra, la pobreza y la precariedad deriva de la eficacia de los dispositivos de poder neoliberales, que operan en el los mecanismos elementales mismos de producción de lenguaje, sentido, inteligibilidad y subjetividad en nuestras sociedades mediante la nueva institucionalidad y las nuevas estrategias de poder de clase. Ello no es, sin embargo, un problema de carácter subjetivo, psicológico o existencial, sino fruto de un proceso continuo de expropiación e inserción funcionalmente violenta de las infraestructuras públicas y comunes en dispositivos, que hacen posible hoy la producción de discurso, práctica artística o experimentación estética en beneficio de máquinas y lógicas semióticas de producción de lenguaje, que solo dicen la dominación y la estética de la violencia de modo monótono, serial y repetitivo. En consecuencia, el signo artístico debe producirse y organizarse para ser eficaz en los procesos de producción de lenguaje, sentido e inteligibilidad social consustanciales a los procesos de producción de subjetividad subversiva, que cristalizan en el flujo discursivo de la representación antisistémica de la realidad.

(9) La producción de signos artísticos opera hoy entre la violencia desnuda del poder del capital y el Estado y sus estrategias de desposesión, por un lado, y la riqueza constituyente y potencialmente expansiva del sujeto social, por otro, que encuentra dificultades mayores a la hora de producir lenguajes y prácticas organizativas dotados de impacto político inmediato a través de procesos específicos de enunciación social y de generación de universos de sentido antisistémico. Por esta razón, la materialidad y la riqueza de los recursos y las instituciones publicas, así como la riqueza privada cuyo valor de uso es directa y fácilmente apropiable mediante su utilización directa por la sociedad,  deben ser objeto de una reapropiación continua y de una disputa permanente, que afecte tanto a su funcionamiento, que debe someterse parcial o totalmente a la riqueza potencial de la enunciación social políticamente antisistémica, como a su cogestión y autogestión directas de acuerdo con una lógica de lo público, que financia y sostiene esas infraestructuras, y una lógica de lo común, que llena de signos, prácticas y símbolos las mismas, al tiempo que reordena la institucionalidad de la producción en clave radicalmente democrática y participativa. La condición del artista hoy es cumplida por quienes se hallan en condiciones de crear simultáneamente signos dotados de valor estético (esto es, que dicen la violencia estructural); y de inventar las condiciones de producción y sostenibilidad del lenguaje estético y las prácticas artísticas de lo común, que estén dotadas de una neta vocación de invención de la nueva radicalidad democrática.

(10) Para generar esos nuevos comportamientos a escala de respuesta de masas ante la violencia de los dispositivos estatales y económicos actuales es necesario insertar este nuevo régimen de signos artísticos en la producción política de los nuevos sujetos productivos, de la nueva composición de clase caracterizada por el trabajo cognitivo y la intelectualidad de masas antagonista, cuyo objetivo primordial es combatir la pobreza, la precariedad y la miseria de masas, que definen la condición de la reproducción social y del trabajo en el momento presente. El signo artístico del general intellect gira en torno a la producción de imaginario político para el conjunto de la composición actual del trabajo vivo en todas sus manifestaciones fenomenológicas y en todas sus formas de explotación socioeconómicas. No existe, pues, una extensión monótona del trabajo cognitivo como forma de colonización conceptual de la totalidad de las formas de explotación, sino la vectorialización  de la riqueza expresiva de los sujetos sociales productivos en la representación artística, estética, política y cultural de sus diferencias y ello en función de un diseño antisistémico de poder constituyente múltiple y unificado. La capacidad de inventar cómo insertar esa representación estética de la sociedad y de la violencia de la crisis es simplemente primordial para decidir como se pueda construir la ecología intelectual del general intellect, que no es una apología del trabajo inmaterial, sino una red de dispositivos cognitivos y estéticos para comprender y organizar las estrategias de construcción de un nuevo bloque histórico por definición posnacional y poshumanista.

(11) El nuevo régimen de producción de signos artísticos exige también toda una nueva relación del flujo artístico con las infraestructuras sociales de producción de imágenes, memoria y archivo, porque la riqueza de los sujetos sociales es inversamente proporcional a la destrucción de sus condiciones de existencia colectivas y públicas y a la privatización de la riqueza y de las instituciones públicas. Las instituciones públicas, que todavía ahora ofrecen espacios de articulación colectiva, de interacción entre movimientos, antagonismo difuso, formas de resistencia y posible interacción transversal, se hallan sometidas a una governance cada vez más autoritaria y serializada y corren el serio peligro de ser desmanteladas, desguazadas y/o inutilizadas mediante su gestión conservadora y despótica concebida en clave de espectacularización de la cultura,  y los flujos y productos artísticos como espacios públicos mínimamente democráticos. La tendencia es a la privación de su carácter democrático; a la destrucción de su contenido emancipador y la banalización de su capacidad de experimentación sociocultural y artística; y a la sustracción de cualquier atisbo de radicalidad política. En consecuencia, los intentos de apropiación deben ser igualmente imaginativos, agresivos, contundentes y masivos, porque la producción artística debe contribuir sin duda alguna a la proyectualidad de la expropiación de lo publico en esta ruptura de la hegemonía neoliberal dominante para su recreación de lo común. El signo artístico supone hoy una relación compleja con (1) lo público gestionado administrativamente y con lo privado carente de valor de uso social  inmediato, entendida esta como la experimentación en torno a un conjunto de puntos de fuga para idear lo común a partir de ese par de relaciones; y con (2) lo común, como criterio de organización de las nuevas políticas públicas constituyentes de radicalidad democrática y de los posibles protocolos de redimensionamiento de la propiedad privada y pública de los medios de reproducción y de los equipamientos e infraestructuras colectivas, que generan lazo social y socialidad productiva. Y, en consecuencia, para producir esta nueva subjetividad política, tenemos necesidad de disputar una nueva institucionalidad de lo público para organizar la producción y la productividad del nuevo general intellect artístico, que precisa de nuevos modelos de circulación de la renta y de estrategias inéditas de apropiación de lo público y lo privado.Si la institución publica y la propiedad privada deben ser expropiadas o radicalmente alterados sus modelos de gestión administrativa y burocrática, nuestra crítica estética ha de ser radical en la producción del capital simbólico e imaginario, que haga posible concebir esas nuevas lógicas.

(12) The time is out of joint, además, porque la necesidad de un contraproyecto hegemónico es cada más fuerte y porque su percepción masiva puede ser acelerada mediantes intervenciones fuertes en la infraestructura de producción de signos, flujos y objetos artísticos. La utilización de lo publico artístico, esto es, de sus infraestructuras y condiciones sociales de producción por la elite política del sistema de partidos no solo debilitan lo público, sino que sobre todo lo utilizan para socavar, destruir y apropiarse de lo común en el marco de este diseño cada vez más inigualitario, injusto y violento, que por definición contribuye a construir el nuevo diseño autoritario, que beneficia además a las elites ricas y superricas, que colapsan el funcionamiento de los circuitos, mercados e instituciones artísticos y embotan las posibilidades de enunciación social del presente. No se trata hacer colapsar la producción artística en la práctica política, pero si de integrar el flujo artístico y estético en un diseño de expropiación de la institución pública para intentar concebir cómo se puede producir este nuevo imaginario susceptible de establecer un diálogo fructífero para construir esas nuevas máquinas y formas de organización política y esto se dirige a las instituciones públicas que gestionan y sobresaturan la gestión de la violencia de la crisis y no hablo solo de la red de instituciones públicas como son las redes de museos e instituciones artísticas públicas, sino que me refiero también a dispositivos como las bienales, trienales y grandes eventos artísticos, de toda esta esfera publica artística autoritaria en el campo de la producción estética que es financiada también por lo publico y sostenida por lo común y que también debe ser puesta en juego y sometida a una critica muy fuerte desde el punto de vista de nuestra composición de clase, de modo que llegue a golpear y a incidir de forma subversiva suficientemente eficaz en estos dispositivos y formas de producción de hegemonía cultural y de vaciamiento democrático

La invitación es, pues, a pensar cómo podemos producir ese nuevo bloque histórico postsoberano, posnacional, pospopular y poshumanista de la actual composición de clase a partir del trabajo y la eficacia de los nuevos imaginarios políticos, de los  nuevos ordenes simbólicos y de los nuevos flujos afectivos y estéticos en la creación de las nuevas máquinas políticas de constitución antisistémica de lo común. Para conseguir esto, para construir esa nueva imaginación política, para producir esos nuevos imaginarios, resulta absolutamente esencial esta revolución del sensible común(ista).

Madrid, 21 de febrero de 2017