335* Un nuevo proyecto para la estación de Chamartín



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El pasado día 10 el Ayuntamiento de Madrid presentaba su proyecto de la operación Chamartín. Una inmensa pieza de 300 hectáreas de suelo urbano que se extiende desde la Plaza de Castilla hasta el nudo Norte de la M-40, a lo largo de casi cuatro kilómetros de longitud, y que ya tiene alternativa al plan diseñado por la entidad privada Distrito Castellana Norte. La mercantil del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria adjudicataria de los derechos de aprovechamiento urbanísticos de la estación de Chamartín que desde hace veintitrés años no ha hecho otra cosa que especular con el terreno público sin poner un solo ladrillo.

No es solo que el nuevo proyecto resulta más coherente, sostenible y realizable que aquél que nos ofrecía el BBVA,  es el proyecto de la administración municipal democráticamente elegida por sus vecinos que tiene todo lo que carecía el anterior., es decir, la legitimidad democrática de la institución que  nos representa y que no tenía aquella propuesta que nos ofrecía un Banco.

La primera medida tomada por el Ayuntamiento ha sido reducir la superficie edificable sobre el ámbito, por la vía de considerar que los sistemas general ferroviarios que no sufren transformación alguna carecen de aprovechamiento urbanístico., que podrá tachársela de cualquier cosa menos de incoherencia. Con  ello se consiguen, al menos, dos cosas importantes: la primera es reducir la edificabilidad de la zona en casi un cincuenta por ciento, y minorar la presión sobre los barrios periféricos a la operación, y otra no menos importante, cual es la de limitar el terreno de juego del BBVA a los estrictos términos en los que se planteaba en su inicio allá por los años noventa, y además reduciéndoles al espacio de la Estación de Chamartín, espacio del que nunca debería haber salido si no hubiera sido por la obscena ambición desatada en los años de la burbuja inmobiliaria.

La segunda medida tiene que ver con la gestión urbanística, pues los terrenos situados al sur del cierre de la M-30 podrían desarrollarse mediante gestión pública a través de un órgano consorciado entre las administraciones actuantes, del mismo modo que se hizo, por ejemplo, en el Pasillo Verde Ferroviario para cerrar los sistemas entre la estación de Príncipe Pío y la de Delicias allá por los años 90. Falta conocer la postura frente a este órgano que pueda adoptar la Administración el Estado (Adif/Fomento) principalmente  desde su relación contractual con el operador privado beneficiario de los aprovechamientos urbanísticos del Estado, cuya finalización debe producirse en diciembre de este año 2016.

La estación de Chamartín se coloca en el centro de la operación como eje de un centro de negocios sobre 700.000 m2 de suelo y con la vocación de desarrollar esta terminal ferroviaria con la dignidad que merece. No es lógico que esta infraestructura tenga los accesos peatonales que ahora dispone, a través de intrincadas sendas entre vehículos aparcados, bajo puentes de hormigón y sorteando obstáculos.

El sub ámbito al norte de la M-30 con algo más de un millón de metros cuadrados de suelo se proyecta con un tratamiento completamente diferente. En primer termino se propone la gestión privada o mixta si fuera preferible, con usos preferentemente industriales en la zona de Malmea para consolidar de este modo el tejido industrial existente, asignándose el residencial en el área más próxima al casco de Fuencarral. En cualquier caso el elemento diferenciador respecto del viejo proyecto del banco, estriba en el respeto por las infraestructuras existentes . Así de este modo se conserva el depósito de agua del Olivar propiedad del Canal de Isabel II que constituye el final del tramo de 36 kilómetros de conducción de agua que parte del embalse de Manzanares el Real.

El mantenimiento de infraestructuras como las del Canal de Isabel II, su  trazado para generar un gran parque lineal, las propias instalaciones de la Empresa Municipal de Transportes, e incluso las ermitas de San Roque y de Lourdes que suponen mantener dos piezas de una arquitectura singular , hacen de la propuesta un ejercicio culto y respetuoso con la ciudad. Nada parecido a lo que veníamos estando acostumbrados donde el mal gusto y el despilfarro era moneda corriente. Y todo ello, trabajado por los propios funcionarios y empleados  municipales, sin arquitectos estrella ni rutilantes profesionales de reconocido prestigio. En fin, un ejercicio de buen hacer, de mesura y conocimiento de la realidad, cuestiones estas que tanto hemos venido echando en falta.

14 de mayo de 2016