306* Ponte el cuerpo, de Javier Codesal. Un espacio íntegro en el Musac



1. El cuerpo indicente

Un cuerpo es lo que ocurre entre un organismo y el registro de la realidad humana ¿Cuándo es el cuerpo el lugar primero? Cuando la Imago aporta al viviente lo que lo unifica imaginariamente, la imagen de un cuerpo. Este cuerpo imaginario será soporte del yo y del cuerpo primero, el de la discordia, presente como organismo fragmentado. Pero la unificación que convierte en cuerpo la individualidad orgánica la introduce el significante, el cuerpo simbólico, que es lo que da lugar a que el cuerpo sea uno, el de cada cual, en tanto cuerpo dicho. Así, el cuerpo es un decir del sujeto del significante.

 Decir, enunciar, no es lo mismo que lo enunciado; el sujeto es otro: es el sujeto del Otro el que dice de un lugar, el cuerpo, en el que la acción política es posible porque no hay orden que la regule, paradójicamente, más allá del orden simbólico articulado a lo contingente, a lo real. Y porque no hay regulación absoluta, hay movimiento. La acción política es posible porque hay movimiento. Parece una contradicción. Generalmente usamos el término “política” para hablar de los modos de regulación para el gobierno de las gentes; aquí, en Ponte el cuerpo, hay de los modos de gobierno, lógicamente, pero es de otra modificación de la que tratamos de hablar: del cuerpo como sistema que, en las políticas artísticas, siempre implica exponer una forma política inédita, extraordinaria, y su apropiación.

Movimiento es una noción compleja, quizá la que reúne la mayor complicación porque aloja lo que oculta, lo pensable de la espacialidad y sus enunciaciones. En este pensar lo complejo aparece la representación opuesta, la explicación, y Ponte el cuerpo se va expandiendo en torno al complicar y al explicarmovimiento del pensar que, tal como se ha presentado el decirlo y por tratar del distanciamiento y del negar la distancia, evoca el quehacer diario de Wittgenstein.  

En esta nota sobre Ponte el cuerpo diremos del cuerpo como lugar expuesto, construido en la figura básica de un desarrollo circular, un nudo, del que Codesal se vale para presentar el cuerpo como construcción indicante. Para tratar de esta circularidad elegimos la primera y la última presentación de lo expuesto, Maternidades (2001) y Ponte el cuerpo (2015)presentaciones organizadas como secuencia fotográfica y articuladas a una escultura: Maternidades, acompañada de Almario (1998), y Ponte el cuerpo de La ropa por el suelo (2015). Este acompañamiento plantea tanto la Unicidad de las obras como el establecimiento formal de la diferencia: las dos obras en relación, evidente imagen del intervalo, insisten en la Unicidad significada por cualquiera de la partes al co-incidir en la identidad de la estructura de los pares que abren y cierran la exposición; por eso hablábamos de nudo y desarrollo circular. En alguna ocasión hemos comentado que esta modificación del intervalo es un uso propiamente artístico del lenguaje y propone la afirmación y la negación de la diferencia al mismo tiempo. Dicho de otra manera, lo afirmado no excluye lo contrario, paradójicamente, dando a ver la contradicción en los términos implicados, anulando lo que se propone. La lógica de esta formalización evoca la destrucción constructiva, la muerte de la Cosa originaria y mítica, anterior a toda diferenciación. 

 Maternidades abre Ponte el cuerpo y se expone junto a Almario, volumen que viene de una construcción anterior. Esta escultura es la caja de resonancia de una guitarra, sin boca y sin mástil, y es el objeto que sujetan las ancianas retratadas. Así, Almarioes la presencia necesaria que dice de lo exento, de la imagen tiempo-movimiento, y de su extimidad. ¿Qué hay del movimiento en la secuencia de las tres ancianas? Una imagen de la detención, en tres partes. Hay de la detención porque hay tres de lo mismo, tres que, semejantes, son del Uno de la indiferencia. Lo que plantea esta obra y su relación con Almario da juego para ensayar pensando conceptos que, apareados, se proponen en juego; entre otros, lo Uno y lo múltiple, semejanza e indiferencia, y diferencia y repetición.

En Maternidades, imagen de la unificación, hay de lo Uno. Antes de comentar este enunciado, describiremos los elementos que construyen esta imagen de la repetición. Tres mujeres, ancianas; las tres, quizá de la misma edad y en la misma posición, abrazan un cuerpo ambiguo, un objeto que evoca tanto el desplazamiento del sentido como la alteración. En otros términos, la obra evoca la gozosa unicidad en la insistente repetición manifiesta en la negación de lo alterno, y lo alterno, manifiesto en la modificación que lo niega. En una forma, el cuerpo sujetado, el objeto se dice, como propiedad de sí, en dos: la caja hueca y cerrada de un cuerpo, el de la guitarra, que suena como otro, el del tambor. Se dice en dos sobre un fondo de ausencia que repercute en la imagen de lo que falta representada en el cuerpo de la guitarra.

Codesal plantea el concierto posible de la plenitud y la falta, del no-lugar y del lugar como falta de lugar: eso es dos, imagen del movimiento, lo que queda de una acción. Es la grandeza de Maternidades (2001), su inmensidad; la falta de medida mesurada, valga la paradoja, con la que solo un artista puede obrar. Son muchas las nociones convocadas en esta entrega, y hemos elegido movimiento como representante del hecho que recoge lo que funda toda medida conceptual, porque toda medida en ese terreno aloja la consistencia de lo temporal y de la espacialidad. Líneas atrás también dijimos aloja; quizá re-coge sea más preciso al tratar de ir diciendo del cuerpo y del movimiento, aprovechando que la partícula re indica iteración, eso que de lo mismo se presenta de nuevo pero sin novedad, en un movimiento que implica, como todo movimiento, el estado de una situación.

1. 2. Un espacio íntegro

 Cada palabra aísla. Es cierto que congrega a quienes no escuchan y de este modo tiende hacia un grupo, mientras el oído atento se entretiene, confundido, y queda dispersado. Así que hablamos para la soledad, lo cual explica la fuerza de la lectura.

 Ponte el cuerpo se abre con Maternidades – Almario y se cierra con Ponte el cuerpo -La ropa por el suelo (2015), versión compleja de la primera reflexión, un despliegue de la misma en la que Codesal modifica, informa, también en tres tiempos, materiales presentados de dos en dos.

Describimos la obra. La ropa por el suelo, primero: un sofá, lugar ofrecido al posible espectador que frente a un escaparate podrá ver las prendas de vestir que cubrieron el cuerpo de un hombre, modelo de la representación. La ropa, por el suelo; el orden parece forzado, no evoca el ir dejando las ropas conforme ocurre el desnudarse, como si esas prendas no fueran testimonio de la cadencia del hombre que se quitó la ropa. Algo de ese orden extraño está en el objeto que abrazan las madres, modo que dice de dos lugares, posiciones o momentos que no dejan de evocar la alternancia y su confusión. El espectador, si consiente en estar frente a lo expuesto, escuchará un relato a dos voces, en alternancia también; dos sonidos para un relato; dos, otra vez ¿Qué se mueve, entonces? El tiempo. Aunque lógica de la temporalidad participe del mismo momento, el del instante de ver, el del encuentro, hay también de otro momento: el que se constituye en la escucha de cualquiera ante lo que pueda ver.  

Ahora, en segundo lugar, Ponte el cuerpo, primera parte del final de la exposición. El objeto estético, las fotografías que recogen el trabajo de Codesal, da-a-ver lo que no es visible, porque lo visible no es la obra sino lo que este objeto puede dar a ver. Un modelo se da a ver; y el modelo no es la persona retratada, aunque esto no lo excluye del motivo, sino el modo en que el artista impone su mirada, como también hizo con Maternidades; allí, sean o no madres las ancianas retratadas, lo que la obra ofrece es la mirada del artista, el decir de lo visible en su mirar. Lo visible al alcance del ojo, y lo invisible en la mirada: “no me ves desde donde yo te miro”. El que mira, el posible espectador, se sabe mirando, y de eso dice la obra, del saber ser mirada, mirada insistente que se pone en juego ahí, “una espacialidad que no es mi espacialidad, pues en vez de ser una agrupación hacia mí de los objetos, se trata de una orientación que me huye (…) todo un espacio íntegro se agrupa en torno al prójimo y este espacio está hecho con mi espacio”. La ropa que deja el modelo está recogida en la serie, como lo está el objeto expuesto que sujetan las ancianas retratadas en Maternidadessu exposición, también en una urna, se aísla de los otros objetos. Cuerpos protegidos; pero la ropa, imagen de lo que viste el cuerpo, al final del recorrido está por el suelo.